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Radiografía de los centros de tortura israelíes para los detenidos de Gaza


rebelion.org


Por Yuval Abraham | 17/01/2024 | Palestina y Oriente Próximo

Fuentes: Ctxt [Foto: Ciudadanos palestinos detenidos por el ejército israelí en Beit Lahiya, norte de Gaza, y trasladados cerca de la playa, el 7 de diciembre de 2023 (Redes sociales)]
Los palestinos arrestados en el norte de la Franja de Gaza relatan cómo los soldados israelíes maltrataron sistemáticamente a civiles, aplicando métodos que van desde la privación grave hasta la violencia física brutal.

A principios de diciembre circularon imágenes por todo el mundo con decenas de hombres palestinos en la ciudad de Beit Lahiya, en el norte de la Franja de Gaza, que habían sido despojados de su vestimenta –quedándose apenas en ropa interior–, obligados a arrodillarse o a sentarse con la cabeza gacha e introducidos en camiones militares con los ojos vendados como ganado. La amplia mayoría de los detenidos eran civiles sin ningún tipo de vinculación con Hamás –como después confirmarían funcionarios de seguridad israelíes–, a quienes el ejército se llevó sin informar a las familias de su paradero. Algunos de ellos nunca regresaron.

+972 Magazine y Local Call conversaron con cuatro de los civiles palestinos que fueron arrestados en las inmediaciones y trasladados a centros de detención del ejército israelí, donde permanecieron recluidos durante varios días, o incluso semanas, antes de ser liberados y regresar a Gaza. Sus testimonios –y los de otros 49 vídeos publicados por medios de comunicación árabes en los que aparecen palestinos arrestados en circunstancias similares durante las últimas semanas en los barrios norteños de Zeitoun, Jabalia y Shuja’iya– constatan la tortura y el abuso sistemáticos de los soldados israelíes contra todos los detenidos, ya sean civiles o combatientes.

Los relatos incluyen descargas eléctricas, quemaduras con mecheros, escupitajos en la boca y privación del sueño, la comida y el acceso al baño, llegando incluso a defecarse encima. Muchos cuentan que los ataron a una valla durante horas, teniéndolos esposados y con los ojos vendados casi todo el día; algunos declaran haber sufrido palizas por todo el cuerpo y quemaduras de cigarros en el cuello o la espalda. Es más: varias personas fallecieron debido a las condiciones en las que fueron retenidas.

Los palestinos con los que conversamos narraron cómo, en la mañana del 7 de diciembre –cuando se obtuvieron las imágenes de Beit Lahiya–, los soldados israelíes entraron en el barrio y exigieron a los civiles que salieran de sus casas. “Gritaban: ‘Que todos los civiles salgan y se rindan’”, contó Ayman Lubad a +972 y Local Call, un investigador en materia legal del Centro Palestino de Derechos Humanos que fue detenido ese día junto a su hermano menor.

Conforme a los testimonios, los soldados ordenaron a todos los hombres que se desvistieran, los reunieron y les sacaron las fotos que después se divulgaron en redes sociales (desde entonces, compartir las imágenes les ha valido las reprimendas de altos mandos militares). Por su parte, a las mujeres y los niños les ordenaron ir al hospital Kamal Adwan. 

De acuerdo a cuatro testimonios independientes que recabaron +972 y Local Call, mientras tenían sentados y esposados en la calle a los detenidos, los soldados entraron en las casas del vecindario y les prendieron fuego –+972 y Local Call consiguieron imágenes de una de las casas quemadas–. Los soldados les dijeron que estaban arrestados porque “no habían evacuado hacia el sur de la Franja de Gaza”.

A pesar de las órdenes de expulsión emitidas por Israel desde el principio de la guerra que llevaron a cientos de miles de palestinos a huir hacia el sur, quedan civiles en el norte de la Franja de Gaza, si bien se desconoce cuántos. Las personas a las que entrevistamos enumeraron múltiples razones para no emprender ese camino: miedo a ser bombardeadas por el ejército israelí en el trayecto hacia el sur o estando refugiadas allí; miedo a que los combatientes de Hamás les disparasen; problemas de movilidad o discapacidades entre los miembros de la familia y preocupación sobre el día a día en los campos para personas desplazadas en el sur. Una mujer de Lubad, por ejemplo, acababa de dar a luz y temían los peligros de marcharse de la casa con un bebé recién nacido.

En este vídeo, grabado en el lugar de los hechos en Beit Lahiya, un soldado israelí se coloca con un megáfono en mano frente a los residentes detenidos –que están desnudos y arrodillados en fila, con las manos detrás de la cabeza– y proclama: “El ejército israelí ha llegado. Hemos destruido Gaza (ciudad) y Jabalia sobre vosotros. Hemos ocupado Jabalia. Estamos ocupando todos los rincones de Gaza. ¿Eso es lo que queréis? ¿A Hamás?”. Los palestinos, en respuesta, gritaron que eran civiles.

“Nuestra casa ardió ante mis ojos”, contó Maher a +972 y Local Call, un estudiante de la Universidad de Al-Azhar de Gaza que aparece en una fotografía de los detenidos en Beit Lahiya (nos pidió que usásemos un pseudónimo por miedo a que el ejército israelí tomase represalias contra los miembros de su familia, que siguen retenidos en un centro de detención militar). Testigos presenciales afirmaron que el fuego se propagó sin control, la calle se llenó de humo y los soldados tuvieron que alejar a los palestinos –a quienes tenían atados– de las llamas a varias decenas de metros.


“Le dije al soldado: ‘Mi casa quedó hecha cenizas, ¿por qué hacéis esto?’ Y me respondió: ‘Olvídate de esta casa’”, recordaba Nidal, otro de los palestinos que sale en una de las fotografías de Beit Lahiya y que nos pidió que usásemos un pseudónimo por los mismos motivos que Maher.

“Me preguntó dónde me dolía y luego me golpeó con fuerza”
Los datos disponibles en la actualidad indican que hay más de 660 palestinos de Gaza detenidos en prisiones israelíes, la mayoría en la prisión de Ketziot, en el desierto de Naqab/Néguev. Un número mayor, que el ejército se niega a revelar y podría ascender a varios miles, se encuentra retenido en distintas bases militares, incluida la base militar Sde Teyman cerca de Be’er Sheva, donde se estarían cometiendo muchos de los abusos.

Según los testimonios, cargaron a los detenidos palestinos de Beit Lahiya en camiones y los llevaron a una playa, donde los dejaron atados durante horas y les sacaron otra foto que también difundieron en redes sociales. Lubad describió cómo una soldado israelí exigió a varios detenidos que bailasen y los grabó.

Después trasladaron a los detenidos, aún en ropa interior, a otra playa de Israel, cerca de la base militar de Zikim, donde, de acuerdo a sus declaraciones, los soldados los interrogaron y les propinaron palizas. Informes de medios de comunicación apuntan que los interrogatorios iniciales fueron conducidos por integrantes de la unidad 504 de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), un cuerpo de inteligencia militar.

Masher compartió su experiencia con +972 y Local Call: “Un soldado me preguntó cómo me llamaba y empezó a darme patadas y puñetazos en la barriga. Me dijo: ‘Llevas dos años en Hamás, cuéntame cómo te reclutaron’. Le contesté que era estudiante. Me abrieron las piernas entre dos soldados y me golpearon en la entrepierna y en la cara. Empecé a toser y me di cuenta de que no respiraba. No paraba de repetirles que era civil. Recuerdo mover la mano hacia la parte inferior de mi cuerpo y sentir algo pesado. No me di cuenta de que era mi pierna. Ya no sentía el cuerpo. Le hice saber al soldado que me dolía; entonces, paró y me preguntó dónde. Cuando le dije que me dolía la barriga, me pegó con fuerza en el estómago. Me ordenaron que me levantase. No sentía las piernas y no podía caminar. Cada vez que me caía, me volvían a pegar. Sangraba por la boca y por la nariz, y me desmayé”.

Los soldados interrogaron a varios detenidos con el mismo método, los fotografiaron, revisaron sus documentos de identidad y los dividieron en dos grupos. La mayoría, incluido el hermano menor de Maher y Lubad, fueron enviados de vuelta a Gaza y llegaron a sus casas esa misma noche. El propio Lubad fue parte del segundo grupo de alrededor de 100 detenidos en Beit Lahiya ese día, a quienes trasladaron a un centro de detención militar en Israel.

Durante su reclusión, los detenidos escuchaban con frecuencia “aviones despegando y aterrizando”, por lo que es probable que estuviesen en la base de Sde Teyman cerca de Be’er Sheva, que cuenta con un aeródromo. Conforme indica el ejército israelí, esta es la base donde se retiene a los detenidos de Gaza que van a ser procesados; es decir, donde se decide si se clasifican como civiles o como “combatientes ilegales”.

La oficina del portavoz de las FDI recalca que el único propósito de los centros de detención militares es interrogar a los detenidos y llevar a cabo las investigaciones iniciales antes de trasladarlos al servicio penitenciario israelí o liberarlos. Los testimonios de los palestinos que fueron retenidos en el centro, en cambio, describen un panorama completamente distinto.

“Nos torturaron todo el día”

En la base militar, dividieron a los palestinos en grupos de en torno a 100 personas. Sus testimonios confirman que siempre estuvieron esposados y con los ojos vendados, y que solo les dejaron descansar entre las doce de la noche y las cinco de la mañana.

Solo había un detenido por grupo con los ojos sin vendar: alguien a quien los soldados elegían porque hablaba hebreo y a quien se referían como “Shawish” (término coloquial que significa “sirviente” o “subordinado”). Estos detenidos revelaron que los soldados que los custodiaban tenían linternas de láser verde para marcar a cualquiera que se moviese, cambiase de posición por el dolor o hiciese algún ruido. Entonces, el Shawish tenía que conducir a los detenidos marcados hasta los soldados que estaban al otro lado de la valla alambrada que cercaba el centro, donde recibían un castigo.

Los relatos coinciden en que el castigo más común era estar atados a una valla con los brazos levantados durante varias horas; si los bajaban, los soldados se los llevaban y les propinaban una paliza. 

“Nos torturaron todo el día”, aseguró Nidal a +972 y Local Call. “Estábamos arrodillados, con la cabeza baja. Si no aguantabas, te ataban a la valla, [durante] dos o tres horas, hasta que un soldado decidiese desatarte. A mí me ataron durante media hora. Tenía todo el cuerpo cubierto en sudor y las manos entumecidas”.

“Estaba prohibido moverse”, explica Lubad al recordar las reglas. “Si te mueves, el soldado te apunta con un láser y le ordena al Shawish que te saque y te levante los brazos. Si los bajas, el Shawish te lleva afuera y los soldados te dan una paliza. Me ataron dos veces a la valla. Aguanté con los brazos en alto porque tenía gente al lado a la que le estaban haciendo mucho daño. Uno volvió con una pierna rota. Escuchas los golpes y los gritos al otro lado de la valla. Te da miedo mirar o echar una ojeada a través de la venda. Si te ven, te castigan. También te llevan afuera o te atan a la valla”.

Otro de los jóvenes detenidos refrendó esta historia ante los medios cuando volvió a Gaza: “Torturaban sin parar. Escuchábamos los gritos. [Los soldados] nos increparon: ‘¿Por qué os quedasteis en Gaza? ¿Por qué no os fuisteis al sur?’ Yo les repliqué: ‘¿Por qué tendríamos que irnos al sur? Aún tenemos casa, y no estamos vinculados con Hamás’. Nos respondieron: ‘Marchaos al sur. Celebrasteis [el ataque dirigido por Hamás] el 7 de octubre’”.

A un detenido que se negó a arrodillarse y bajó los brazos en vez de dejarlos en alto se lo llevaron al otro lado de la valla alambrada con las manos esposadas, añadió Lubad. Escucharon los golpes; después, el detenido insultó al soldado y, a esto, le siguió un disparo. Desconocen si realmente le dispararon a él y si está vivo o muerto; en cualquier caso, mientras nuestros entrevistados permanecieron retenidos, él no volvió con el resto del grupo.

Dichos detenidos testificaron en conversaciones con medios de comunicación árabes que otros prisioneros retenidos en el centro habían muerto a su lado. “Adentro se muere gente. Había un hombre con una enfermedad del corazón y se deshicieron de él. No querían hacerse cargo”, comentó una persona a Al Jazeera.

Varios de los detenidos que estuvieron con Lubad también le mencionaron esa muerte. Además, contaron que, antes de su llegada, un hombre mayor del campo de refugiados Al-Shati, que estaba enfermo, falleció en el centro debido a las condiciones de detención. Entonces, los demás decidieron empezar una huelga de hambre para protestar por su muerte y devolvían todas las porciones racionadas de pan y queso a los soldados. Por la noche, los soldados entraban y los golpeaban violentamente, estando ellos esposados, y luego les tiraban gas lacrimógeno. Así terminó la huelga.

El ejército israelí admitió a +972 y Local Call que en el centro murieron personas detenidas de Gaza. “Se ha confirmado el fallecimiento de personas detenidas en el centro de detención”, declaró el portavoz de las FDI. “De conformidad con los procedimientos, se investigan todos los casos de defunción de personas detenidas, y se indaga sobre las circunstancias en las que se produjo el deceso, entre otras cuestiones. Los cuerpos de los detenidos se retienen en cumplimiento de las órdenes militares”.

En las grabaciones, los palestinos que fueron devueltos a Gaza describen cómo los soldados quemaban a los detenidos con cigarros e incluso les aplicaban descargas eléctricas. “Estuve detenido durante 18 días”, informó un joven a Al Jazeera. “[El soldado] ve que te estás quedando dormido, coge un mechero y te quema con él en la espalda. A mí me la quemaron con cigarros varias veces. Uno de los chicos [que tenía los ojos vendados] le dijo [al soldado] que quería beber agua; este le respondió que abriera la boca y le escupió adentro”.

Otro detenido contó que lo habían torturado durante cinco o seis días: “¿Quieres ir al baño? Está prohibido”, le dijo un soldado, según relató. “[El soldado] te pega. Yo no soy de Hamás, ¿qué culpa tengo yo de nada? Pero insistía: ‘Eres de Hamás, todos los que se quedan en Gaza [ciudad] son de Hamás. Si no lo fueras, te habrías ido al sur. Os dijimos que fuerais al sur’”.

Shadi al-Adawiya, otro detenido que fue liberado, compartió su testimonio con TRT en una grabación: “Nos quemaban con cigarros en el cuello, las manos y la espalda. Nos pegaban en las manos y en la cabeza. También dan descargas eléctricas”.

“No puedes pedir nada”, comentó otro detenido liberado a Al Jazeera tras llegar al hospital en Rafah. “Si les dices que quieres beber, te pegan por todas partes. No importa cuántos años tengas. Yo tengo 62. Me pegaron en las costillas y desde entonces me cuesta respirar”.

“Intenté sacarme la venda y un soldado me dio un rodillazo en la frente”

Los palestinos que Israel detiene en Gaza son retenidos en virtud de la Ley de Combatientes Ilegales del 2002, tanto si son combatientes como civiles. La ley israelí permite al Estado retener combatientes sin otorgarles estatus de prisionero de guerra, así como detenerlos durante periodos prolongados de tiempo sin estar sujeto a los procedimientos legales estándar. En ese sentido, puede impedir que los detenidos se reúnan con su representante legal y posponer el control judicial hasta 75 días –o hasta seis meses, de aprobarlo un juez–.

Tras el estallido de la guerra actual el pasado octubre, se modificó la ley: con arreglo a la versión aprobada por la Knéset el 18 de diciembre, Israel puede retener a los detenidos hasta 45 días sin expedir una orden de detención –una disposición con implicaciones preocupantes–.

“Durante 45 días no existen”, apuntó Tal Steiner, director ejecutivo del Comité Público contra la Tortura en Israel, en una charla con +972 y Local Call. “No notifican a las familias. Durante ese periodo, los detenidos pueden morir sin que nadie lo sepa. Cómo demuestras que incluso se produjo esa muerte. Muchas personas pueden desaparecer y ya”.

HaMoked, una ONG israelí de derechos humanos, recibió llamadas desde Gaza de 254 ciudadanos palestinos que habían sido detenidos por el ejército israelí y cuyas familias desconocían su paradero. La ONG presentó una petición ante el Tribunal Superior de Israel a finales de diciembre para solicitar que el ejército publique información sobre los residentes gazatíes que tiene retenidos. 

De hecho, una fuente del servicio penitenciario israelí aseguró a +972 y Local Call que el ejército retiene a la mayoría de los detenidos de Gaza y no los trasladan a las prisiones. Lo más probable es que estén tratando de obtener información de inteligencia de civiles valiéndose de la Ley de Combatientes Ilegales para encarcelarlos.

Los detenidos que conversaron con +972 y Local Call señalaron que habían estado retenidos en un edificio militar con personas que reconocían como integrantes de Hamás o de la Yihad Islámica. Los testimonios recalcan que los soldados israelíes no distinguen entre civiles y miembros de esos grupos, y tratan a todos de la misma manera. Parte de los arrestados en Beit Lahiya hace casi un mes aún no han sido liberados.

Nidal advierte que, además de la violencia que sufrieron los detenidos, las condiciones de detención eran extremadamente duras. “El inodoro es un hueco estrecho entre dos pedazos de madera. Nos dejaban ahí con las manos atadas y los ojos vendados. Entrábamos y nos meábamos la ropa. Y ahí también era donde bebíamos agua”. 

Los civiles que estuvieron encerrados en la base militar israelí relataron a +972 y Local Call cómo días después los trasladaron de un centro a otro para interrogarlos. La mayoría sufrieron palizas durante los interrogatorios, en los que les preguntaron si conocían combatientes de Hamás o la Yihad Islámica; qué opinaban de lo ocurrido el 7 de octubre; qué integrante de su familia era combatiente de Hamás, quién entró a Israel el 7 de octubre y por qué no habían evacuado hacia el sur como les “pidieron”.

A Lubad lo llevaron a Jerusalén para interrogarlo tres días después. “El interrogador me dio un puñetazo en la cara. Al final, me sacó y me vendó los ojos”, explicó. “Intenté retirar la venda, porque me lastimaba, pero un soldado me dio un rodillazo en la frente, así que la dejé. Media hora más tarde, trajeron a otro detenido, un profesor universitario. Al parecer, no cooperó durante el interrogatorio y le dieron una paliza brutal a mi lado. Le dijeron: ‘Estás defendiendo a Hamás; no respondes a las preguntas. Ponte de rodillas, levanta las manos’. Sentí que se me acercaban dos personas y creí que me tocaba a mí, que me iban a pegar, así que contraje el cuerpo para prepararme. Alguien me susurró al oído: ‘Di cerdo’. Le dije que no entendía. Añadió: ‘Di que a cada cerdo le llega su San Martín’”. O sea, la muerte o un castigo.

Después lo llevaron a la celda de detención. Para Lubad, las condiciones en Jerusalén eran mejores que las del centro localizado en el sur. Por primera vez, le quitaron las esposas y la venda de los ojos. “Me dolía todo tanto y estaba tan cansado que me quedé dormido, y eso fue todo”, concluyó.

“Nos trataban como a ovejas o gallinas”

El 14 de diciembre, una semana después de que se llevasen a Lubad de su casa en Beit Lahiya, donde quedaban su mujer y sus tres hijos, lo metieron en un autobús hasta el paso de Kerem Shalom, entre Israel y la Franja de Gaza. Contó catorce autobuses y cientos de detenidos. Tanto él como otro testigo mencionaron a +972 y Local Call que los soldados les dijeron que corriesen y que, si alguien miraba hacia atrás, le dispararían.

Los detenidos caminaron desde Kelem Shalom hasta Rafah –una ciudad que se ha convertido en un campo de refugiados gigantesco en las últimas semanas, albergando a cientos de miles de personas palestinas desplazadas–. Llevaban un pijama de rayas gris y algunos mostraban a los periodistas palestinos las lesiones que tenían en las muñecas, la espalda y los hombros, presumiblemente producidas por las torturas que sufrieron mientras estaban detenidos. También llevaban unas pulseras numeradas que les habían dado al llegar al centro de detención.

Euro-Med Monitor, una organización de derechos humanos con sede en Ginebra que cuenta con varios investigadores en el terreno, informó a +972 y Local Call de que, según sus cálculos, en las últimas semanas liberaron al menos a 500 gazatíes en Rafah que habían estado bajo custodia israelí y habían sido objeto de graves torturas y abusos.

En conversación con los periodistas, los detenidos manifestaron no saber a dónde ir en Rafah ni dónde estaban sus familias. Muchos iban descalzos. “Tuve los ojos vendados durante 17 días”, dijo uno de ellos. “Nos trataban como a ovejas o gallinas”, comentó otro. 

Uno de los detenidos que llegó a Rafah explicó a +972 y Local Call que llevaba dos semanas viviendo en una tienda de nailon –esto es, desde que lo liberaron–. “Hasta hoy no tuve zapatos, me los acabo de comprar”, dijo. “En Rafah hay tiendas de campaña por doquier, mires donde mires. Desde que me liberaron, me siento muy mal psicológicamente. Hay un millón de personas amontonadas en una ciudad de 200.000 [antes de la guerra]”.

En cuanto Lubad llegó a Rafah, llamó a su mujer. Fue una alegría saber que ella y sus hijos seguían con vida. “Cuando estaba en la cárcel no paraba de pensar en mi familia, en mi mujer, que vivía una situación difícil: estaba sola con un bebé recién nacido”, explicó.

Con todo, al hablar con su familia por teléfono sentía que le ocultaba algo. Tiempo después, se enteró de que su hermano pequeño, que había regresado tras estar retenido en la playa Zikim, fue asesinado por un proyectil israelí que cayó en una casa cercana. 

Lubad recordaba la última vez que lo vio: “Estábamos sentados en calzoncillos y hacía mucho frío. Le susurré: ‘No pasa nada, no pasa nada. Vas a volver sano y salvo’”.

Mientras Lubad estuvo detenido, su mujer les dijo a los hijos que se había ido de viaje; sin embargo, él no está seguro de que las criaturas lo hayan creído: ese día, su hijo de tres años lo vio sacándose la ropa en la calle. “Mi hijo tenía muchas ganas de ir al zoo, pero [ya] no hay ninguno en Gaza. Así que le conté que en el viaje había visto un zorro en Jerusalén (y, de hecho, cuando me interrogaban por las mañanas, veía pasar algunos zorros). Le prometí que, cuando pasase la tormenta, lo llevaría a verlos”.

Como respuesta a la información incluida en este artículo acerca de los soldados israelíes que incendiaron las casas de los palestinos detenidos en Beit Lahiya, el portavoz de las FDI comentó que se “estudiarán” dichas demandas y añadió que “encontraron documentos de Hamás en algunas viviendas y una gran cantidad de armas” y hubo disparos dirigidos a las fuerzas israelíes desde el edificio.

Asimismo, aclaró que los palestinos de Gaza están detenidos “por su implicación en actividades terroristas” y que “al comprobar que los detenidos no están implicados en actividades terroristas y no existir ninguna razón que justifique su detención, se envían a la Franja de Gaza tan pronto como es posible”.

En lo que respecta a las declaraciones de maltrato y tortura, aseveró que “se investigan exhaustivamente todas las denuncias de conducta indebida en el centro de detención. Las esposas se colocan en función del nivel de riesgo de los detenidos y de su estado de salud, tras una evaluación diaria. En el centro de detención militar se realiza un reconocimiento diario con un médico que revisa el estado de salud de los detenidos que lo requieran”.

Lejos de esto, los detenidos que conversaron con +972 y Local Call afirman que únicamente los revisó un doctor cuando llegaron al centro y que no recibieron ningún tratamiento médico posterior a pesar de haberlo solicitado en repetidas ocasiones.

Esta investigación periodística se publicó originalmente en hebreo en Local Call, y en inglés en +972 Magazine. Agradecemos a ambas publicaciones que hayan permitido a CTXT traducir y publicar el artículo. Traducción de Cristina Marey Castro.

Fuente: https://ctxt.es/es/20240101/Politica/45276/Yuval-Abraham-torturas-detenidos-gaza-israel-ejercito-palestino.htm


 

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