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Dormir menos de 6 horas o más de 8 acelera el envejecimiento, según un nuevo estudio


sinembargo.mx

La falta y el exceso de sueño se asociaron con depresión, ansiedad, obesidad, diabetes, problemas cardíacos y enfermedades respiratorias.

Europa Press

 

MADRID, 19 May. (EUROPA PRESS).- Investigaciones recientes confirman que el sueño influye directamente en el envejecimiento y en la salud cerebral

 Los llamados relojes biológicos ganan terreno como herramientas para calcular si una persona envejece más rápido o más lento que su edad cronológica, gracias a modelos de aprendizaje automático que procesan datos biológicos -como proteínas obtenidas en análisis de sangre poco invasivos-.

Aunque la mayoría de los relojes biológicos miden el envejecimiento de todo el cuerpo, los órganos envejecen a ritmos diferentes, un hecho bien conocido por las mujeres que enfrentan la presión del reloj biológico debido al envejecimiento acelerado de los ovarios.

Un análisis de los relojes biológicos de todo el cuerpo humano sugiere que dormir muy pocas horas o demasiadas puede acelerar el envejecimiento del cerebro, el corazón, los pulmones y el sistema inmunológico, además de estar asociado con una amplia gama de enfermedades, según expertos de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos. Su trabajo fue publicado en la revista Nature.

"Nuestro estudio va más allá y muestra que tanto la falta como el exceso de sueño se asocian con un envejecimiento más rápido en casi todos los órganos, lo que respalda la idea de que el sueño es importante para mantener la salud de los órganos dentro de una red cerebro-cuerpo coordinada, incluyendo el equilibrio metabólico y un sistema inmunitario saludable", afirma el líder del estudio, Junhao Wen, profesor adjunto de Radiología en el Colegio de Médicos y Cirujanos Vagelos de la Universidad de Columbia.

¿Qué son los relojes biológicos y cómo calculan la edad de los órganos?

El grupo de Wen ha estado a la vanguardia en la construcción de relojes biológicos para medir el envejecimiento de órganos específicos del cuerpo, los cuales podrían proporcionar información más precisa y personalizada a los pacientes.

"Todos estamos entusiasmados con estos relojes biológicos y su capacidad para predecir el riesgo de enfermedades y mortalidad", señala Wen. "Pero, para mí, la pregunta más interesante es si podemos vincular los relojes biológicos a un factor del estilo de vida que pueda modificarse a tiempo para ralentizar el envejecimiento".

El sueño fue la prueba perfecta, ya que cada vez es considerado un factor clave para la salud. "Yo también tengo el sueño ligero y me preocupaban las consecuencias", comenta Wen.

Para construir sus relojes de envejecimiento, el investigador utilizó datos recopilados de medio millón de participantes del Biobanco del Reino Unido y empleó aprendizaje automático para identificar patrones característicos del envejecimiento de los órganos. Utilizó una amplia variedad de fuentes de datos para crear relojes de envejecimiento basados en imágenes médicas estructurales, proteínas específicas de cada órgano y moléculas presentes en la sangre.

El menor envejecimiento se observó en quienes duermen entre 6.4 y 7.8 horas al día. Foto: Especial

"En el hígado, por ejemplo, tenemos un reloj de envejecimiento construido con datos de proteínas, otro con datos metabólicos y otro con datos de imágenes", explica Wen. "Esto nos permite observar si el sueño está asociado de forma distintiva con relojes de envejecimiento derivados de múltiples capas ómicas y moleculares".

Posteriormente, evaluó la relación entre la duración del sueño de una persona —según lo informado por cada participante del Biobanco— y su edad biológica a partir de 23 relojes biológicos que miden el envejecimiento en 17 sistemas orgánicos.

En todo el organismo se observó un patrón coordinado en forma de U: tanto dormir poco (menos de seis horas) como dormir mucho (más de ocho horas) se asociaron con un envejecimiento más rápido, mientras que el menor envejecimiento se registró en personas que reportaron dormir entre 6.4 y 7.8 horas diarias.

Esto no significa que la duración del sueño, por sí sola, provoque que los órganos envejezcan más rápido o más lento, sino que sugiere que tanto la falta como el exceso de sueño pueden ser indicadores de una peor salud general.

La relación entre el sueño y la enfermedad sugiere que existe una conexión entre el cerebro y el cuerpo que va más allá de la influencia sobre el cerebro en sí.

Variantes genéticas asociadas con dormir poco o demasiado y su relación con el envejecimiento de distintos órganos. Foto: Especial

Entre los trastornos relacionados con el cerebro, la falta de sueño se asoció significativamente con episodios depresivos y trastornos de ansiedad, tal como han mostrado otros estudios sobre sueño y salud mental. También se vinculó con obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, cardiopatía isquémica y arritmias cardíacas.

Asimismo, tanto la falta como el exceso de sueño se asociaron con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, asma y diversos trastornos digestivos, como gastritis y enfermedad por reflujo gastroesofágico.

Wen destaca: "El patrón general de conexión entre el cerebro y el cuerpo es importante porque nos indica que la duración del sueño es una parte profundamente arraigada de toda nuestra fisiología, con implicaciones de gran alcance en todo el organismo".

Además de predecir enfermedades, los relojes biológicos específicos de cada órgano también resultan valiosos para determinar cómo se relaciona el sueño con afecciones concretas, como lo demuestra el estudio de Wen sobre la depresión en la tercera edad.

El sueño también se relaciona con depresión y obesidad

Los investigadores hallaron conexiones entre los patrones de sueño y algunos padecimientos. Foto: Especial

Aunque el estudio no pudo determinar de manera concluyente si la duración del sueño causaba depresión en la tercera edad o si la depresión influía en la duración del sueño, el equipo aplicó un análisis de mediación para evaluar si los ritmos circadianos del envejecimiento median la relación entre dormir poco o mucho y la depresión en adultos mayores.

Los análisis sugieren que dormir pocas horas puede influir directamente en la gravedad de la depresión en la tercera edad, mientras que dormir demasiado podría afectarla mediante una vía relacionada con los ritmos circadianos del cerebro y del tejido adiposo.

"Esto tiene importantes implicaciones para el manejo del sueño y las terapias futuras. Nuestro estudio sugiere que puede haber diferentes vías biológicas entre las personas que duermen mucho y las que duermen poco que conducen al mismo resultado: la depresión en la tercera edad. No deberíamos tratarlas de la misma manera", concluye Wen.


 

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