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Canadá pasó de protegerse del expansionismo de Estados Unidos a estrechar su relación. Pero con Pete Hoekstra en la Embajada, la diplomacia desapareció.
Blanca Juárez
Pete Hoekstra fue enviado a la Embajada de Estados Unidos en Canadá con un encargo importante de Donald Trump: presionar e intimidar en medio de las negociaciones comerciales. Foto: Cuenta de X @USAmbCanada
Ciudad de México, 18 de mayo (SinEmbargo).- Si el actual Embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, ha sido señalado por su tono intervencionista, el enviado de Donald Trump a Canadá representa una versión todavía más agresiva del trumpismo diplomático. Pete Hoekstra no llegó a Ottawa como un diplomático tradicional, sino como un operador político de la ultraderecha republicana, dispuesto a trasladar a la relación bilateral la lógica de confrontación, presión y provocación impulsada desde la Casa Blanca.
En su primer mandato, Trump nombró a Hoekstra como Embajador de Estados Unidos en Países Bajos y lo que hizo ahí fue impulsar a partidos de ultraderecha. En su segundo periodo, lo envió a Canadá, donde en medio de la tensión por los aranceles y el T-MEC, Pete Hoekstra se convirtió en Embajador, pero del trumpismo, utilizando la confrontación y la burla para presionar.
Pete Hoekstra no es diplomático y se ufana de ello. Fue congresista, fundador del Tea Party, Presidente del Partido Republicano en Michigan y se sumó al Project 2025, el programa de gobierno impulsado por la ultraderecha, el cual establece mayor poder presidencial, expulsión masiva de migrantes, el desmantelamiento del Departamento de Educación, entre otros puntos.
U.S. Embassy Ottawa.
Se ganó la plena confianza de Trump para un encargo importante. Desde joven, participó en las grandes causas de la ultraderecha o fue cercano a organizaciones que promueven la persecución de migrantes, la desregulación en favor de grandes empresas -a lo que llaman “libertad”-, el sionismo, pero también la defensa de agrupaciones vinculadas con el neonazismo.
En abril de 2025, el Senado estadounidense respaldó la decisión de Trump de nombrar a Hoekstra como Embajador en Canadá. Así, llegó a ese país en el momento más crítico de las relaciones entre ambos países. En un ir y venir de aranceles a varios productos, como el acero y el aluminio, Estados Unidos le acababa de imponer otro del 25 por ciento a los vehículos.
Pero lo que más había indignado al pueblo de Canadá fueron las ofensivas y provocadoras declaraciones de Trump sobre que Canadá podría ser el estado 51 de la Unión Americana. Ese mismo mal chiste expansionista lo está utilizando ahora con Venezuela.
La designación de Hoekstra ocurrió además a menos de un mes de que Mark Carney, del Partido Liberal, asumiera el cargo de Primer Ministro de Canadá, tras la renuncia de Justin Trudeau, debilitado políticamente por el manejo de la política hostil de Trump.
El Presidente estadounidense le envió una felicitación a Mark Carney, llamándolo “Gobernador”, en alusión al “estado 51”.
El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump (i), recibe al Primer Ministro canadiense, Mark Carney, en la Casa Blanca, en Washington, D.C., Estados Unidos, el 7 de octubre de 2025. Foto: Hu Yousong, Xinhua
Desde que Canadá obtuvo su autonomía en 1867 y hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, se protegió del expansionismo estadounidense bajo el amparo británico, explica el investigador de la UNAM, Oliver Santín Peña. Pero tras la guerra, Canadá estrechó vínculos con Estados Unidos y buscó ser su aliado.
Ahora, Canadá vuelve a mirar a Europa y hasta a China para protegerse de ese expansionismo.
Cómo patear a un pueblo
Hoekstra no es diplomático, pero es un gran aliado de Trump y alguien que puede representarlo bien. En septiembre, en un evento organizado por la Cámara de Comercio de Halifax, capital de Nueva Escocia, Hoekstra les dijo a sus anfitriones: “me decepciona haber venido a Canadá, un Canadá en el que es muy, muy difícil encontrar canadienses apasionados por la relación entre Estados Unidos y Canadá".
Políticos y empresarios canadienses rechazaron un clima antiestadounidense, pero señalaron que tampoco pueden ser neutrales ante ofensas como convertirse en el “estado 51”.
Flavio Volpe, presidente del consejo de relaciones Canadá-Estados Unidos le dijo al radiodifusora pública CBC News: “cuando le das una patada al perro, no puedes culparlo por gruñirle de vuelta".
Pero Hoekstra sí los culpó y los volvió a patear. El 30 de octubre, durante una opulenta cena del Consejo Empresarial Estados Unidos-Canadá, se escuchó el soez lenguaje del embajador estadounidense, insultando al representante de Ontario en Washington, David Paterson.
Hoekstra estaba furioso por un video del Gobierno de Ontario, a cargo del también derechista Doug Ford, contra los aranceles de Trump. En él se escuchaba el fragmento de un discurso del presidente estadounidense Ronald Reagan, en el que criticaba ese tipo de impuestos y el cual fue difundido incluso durante las transmisiones estadounidenses de la Serie Mundial de béisbol.
“Debido a su grave tergiversación de los hechos y a su acto hostil, aumento el arancel a Canadá en un 10% por encima de lo que pagan actualmente”, decretó Trump desde su trono virtual, la red Truth Social. Canadá ya enfrentaba aranceles de hasta 35 por ciento sobre algunas mercancías y de 50 por ciento sobre otras.
Por si ese castigo no le había dejado claro a Ontario la molestia que le causó a Trump, Pete Hoekstra se encargó de gritárselo al representante comercial de esa provincia en Estados Unidos, David Paterson.
Lo preocupante de ese agresivo episodio fue “la actitud que refleja: la sensación de que menosprecia a los canadienses y a sus representantes, como si Canadá fuera una especie de puesto colonial y él el procónsul imperial”, escribió Fen Osler Hampson, copresidente del Grupo de Expertos en Relaciones entre Canadá y Estados Unidos.
En un artículo publicado en la revista Policy, el catedrático de la Universidad de Carleton, señaló que “en circunstancias normales” eso hubiera implicado la revocación o la suspensión temporal del embajador.
“Pero estos no son tiempos normales. Nuestras relaciones bilaterales ya se encuentran bajo una enorme presión debido a los aranceles, la seguridad fronteriza y la cooperación económica y de seguridad en general”, apuntó.
La política exterior trumpista, encarnada en Hoekstra y basada en el amedrentamiento, parecía funcionar.
Pete Hoekstra siempre caminando por la derecha
“Viajo por todo el país y la gente me dice: ‘Pete, no entiendes por qué estamos tan enojados con el estado número 51’. Sí, tienen razón: no lo entiendo”. Eso dijo el embajador de Estados Unidos en Canadá en noviembre de 2025, durante la Conferencia Nacional de Manufactura 2025 en aquella nación.
Irónicamente, en esa ocasión también les dijo a los canadienses que no podían publicar anuncios políticos en Estados Unidos, esperando que no hubiera consecuencias. Aunque él mismo había señalado que ya no hablaría más de aquel video con la voz de Reagan, volvió a mencionarlo.
Pete Hoekstra, de 73 años, nació en una familia migrante originaria de Países Bajos. Él mismo ha señalado que sus padres fueron liberados por tropas canadienses durante la Segunda Guerra Mundial. Al llegar a Estados Unidos, su nombre fue anglificado, de Cornelis Piet Hoekstra a Pete Hoekstra.
Pete Hoekstra durante su participación en un foro del grupo Región Económica del Noroeste del Pacífico. Imagen tomada en la cuenta de X @USAmbCanada
Durante 18 años (1993 a 2011) fue miembro del Congreso por Michigan, donde también fue parte del grupo parlamentario que revisa las actividades de 17 agencias de inteligencia. Miembro distinguido de la Fundación Heritage, un grupo de ultraderecha.
Fue asesor sénior en Dickstein Shapiro, firma legal cuyo socio más influyente fue David Israel Shapiro, asesor legal del Presidente Richard Nixon y defensor legal del líder del Partido Nazi Americano, George Lincoln Rockwell.
Fue uno de los fundadores del movimiento de ultraderecha Tea Party, creado en 2009. Un grupo que buscó regresar a los principios más conservadores y antiderechos.
Luego, Hoekstra se unió al MAGA (siglas en inglés de “Make America Great Again), otro movimiento de ultraderecha, éste liderado por Donald Trump, el cual combina nacionalismo, políticas antimigrantes y proteccionismo económico.
Es dueño de la empresa Hoekstra Global Strategies, dedicada a cabildear asuntos en el Congreso estadounidense.
Hoekstra, el injerencista
En 2017, designado como embajador, llegó a La Haya, capital administrativa de los Países Bajos, una ciudad importante para la justicia internacional y la defensa de derechos humanos. Ahí está la sede de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y la Corte Penal Internacional (CPI).
Sin embargo, Hoekstra, fiel a la ideología en la que ha militado, la ultraderecha, se opone al matrimonio igualitario, a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y personas gestantes, pero sí está a favor de la deportación masiva de migrantes.
En 2015, el entonces Congresista, afirmó que jóvenes musulmanes crearon “zonas prohibidas” en Holanda, una de las provincias de Países Bajos, y que estaban quemando políticos. Cuando fue designado embajador en aquella nación, primero recurrió a lo que en ese momento Trump había puesto de moda y era su salida fácil: decir que todo era fake news.
Al llegar a la Embajada tuvo que admitir que sí dijo tal cosa y que su afirmación era falsa. Pero para entonces ya había funcionado ese mecanismo, ampliamente utilizado por la ultraderecha, de difundir desinformación para instalar una primera impresión negativa. Incluso si después se desmiente, el daño ya está hecho.
Pete Hoekstra, más que un diplomático, ha sido un operador ideológico y partidista de Trump. En 2020, la revista semanal holandesa De Groene Amsterdammer reveló que Hoekstra organizó en la Embajada estadounidense un evento de recaudación de fondos para el partido de extrema derecha Forum voor Democratie-FVD (Foro para la Democracia).
Los periodistas Casper Thomas y Coen van de Ven señalaron en su pieza “Un regalo de Washington” que esa acción “contraviene los tratados internacionales”.
Pero desde diciembre de 2018, Hoekstra, fue uno de los principales oradores en el congreso de FVD. Para dimensionar esto es como si Ronald Johnson, embajador de Estados Unidos en México, recaudara fondos para el PAN o participara como ponente estelar en un congreso de ese partido.
Pero además, en otras ocasiones, Peter Hoesktra también recibió en la Embajada a políticos del partido Llamada Demócrata Cristiana (CDA), según la publicación neerlandesa.
Canadá mira a China
Desde que Canadá es reconocida como una comunidad autónoma en 1867 y hasta hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, las élites canadienses “han buscado proteger al país del expansionismo estadounidense”, estando bajo el amparo de la corona de Reino Unido, dice en entrevista, Oliver Santín Peña, del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (Cisan) de la UNAM.
Pero, tras la guerra, Canadá estrechó sus vínculos con Estados Unidos “el hegemón de Occidente”, explica el Coordinador del Área de Estudios Geopolíticos y Estratégicos del Cisan y especialista en Canadá.
A partir de ese momento, mediados del siglo XX, Canadá comienza a establecer una diplomacia suave, o “soft power” a nivel internacional, “sobre todo, para no involucrarse en conflictos con la Unión Americana”.
Por ejemplo, explica el académico, Canadá no fue fundador ni es un integrante activo de la Organización de Estados Americanos (OEA), porque detecta que de hacerlo podría entrar en conflictos con los intereses estadounidenses en América Latina. Así que prefiere orientar su visión hacia Europa.
En cambio, “Canadá sí fue de los países fundadores de Naciones Unidas y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), promueve el multilateralismo como una de sus grandes banderas a nivel internacional y lo logra con éxito sabiendo que no tienen el poder ni la influencia que tiene Estados Unidos”.
Por eso, la llegada de Pete Hoekstra a Canadá, marcada por actos de intimidación, descolocó a la diplomacia canadiense. Hoekstra ya cumplió un año como embajador en Canadá, el segundo socio comercial de Estados Unidos, tras ser desplazado por México.
Canadá está aprendiendo, dice Oliver Santín. La propia designación de Mark Carney “es una manifestación de cómo Canadá se está adaptando a los nuevos tiempos con un presidente de Estados Unidos hostil”.
En estos momentos se están llevando a cabo las pláticas previas a que el 1 de julio inicie el periodo de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y las amenazas no paran.
Mark “Carney tiene un problema con nosotros. Si sube a un avión y se va a China. ¿Cree que China le va a comprar sus cosas”, Estados Unidos es “el consumidor del mundo”, su estrategia de aliarse con el gigante asiático “apesta”, dijo en abril pasado Howard Lutnick, Secretario de Comercio estadounidense en un foro económico.
Sobre las negociaciones del T-MEC, Pete Hoekstra aseguró hace unas semanas que Estados Unidos no ha podido tener conversaciones comerciales serias con Canadá desde el año pasado, luego de que Trump suspendiera las negociaciones por el enojo que le acusó el video difundido por el gobierno de Ontario.
A finales de abril de este 2026, Mark Carney publicó un video en el que asegura: “Muchas de nuestras antiguas fortalezas, basadas en nuestros estrechos lazos con Estados Unidos, se han convertido en nuestras debilidades; debilidades que debemos corregir”. La antigua dependencia con Estados Unidos es algo que habrán de cambiar.
En los últimos días, sin desmarcarse de su estilo, Pete Hoekstra ha tenido un discurso más conciliador, llamando “socio” a Canadá, finalmente. En una entrevista con el medio canandiense iPolitics, aseguró: “tengo la certeza de que llegaremos a un acuerdo, solo que ha tomado más tiempo y ha sido más doloroso de lo que pensaba”.
Blanca Juárez
Periodista egresada de la UNAM. Cubre temas políticos, laborales, sociales y culturales con perspectiva feminista.

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