**El nuevo Informe Planeta Vivo de WWF revela que las poblaciones de vertebrados silvestres monitoreadas han caído un 73% desde 1970. América Latina es la región más golpeada, con un desplome del 95%. Pero el informe también documenta recuperaciones que demuestran que aún hay margen de acción.**
**Lima —** El planeta está más vacío de lo que debería. Esa es la conclusión central del Informe Planeta Vivo 2026, presentado por WWF el 7 de octubre en Lima, que documenta una caída promedio del 73% en el tamaño de las poblaciones de vertebrados silvestres monitoreadas en todo el mundo entre 1970 y 2022.
El dato, que ya es el más crudo de las últimas ediciones del informe, esconde realidades aún más severas por región y ecosistema. América Latina y el Caribe registraron el mayor descenso regional: un 95%. África sigue con un 80%, y Asia-Pacífico con un 49%. Los ecosistemas de agua dulce, los más biodiversos del planeta, perdieron un 85% de sus poblaciones monitoreadas, seguidos por los terrestres (-69%) y los marinos (-59%).
## Un colapso desigual
El informe de WWF, elaborado con datos del Índice Planeta Vivo (LPI) que monitorea casi 35.000 poblaciones de más de 5.000 especies, atribuye las pérdidas más graves a la deforestación, la desviación y contaminación de ríos, y la expansión de la frontera agrícola. En América Latina, la Amazonía concentra buena parte del desplome: la pérdida de hábitat por ganadería y soya, sumada a los incendios cada vez más frecuentes, ha empujado a cientos de especies a mínimos históricos.
El informe no se limita a las cifras globales. Detalla, por ejemplo, que ocho especies de buitres africanos han caído un 62%, y que las poblaciones de agua dulce —de peces, anfibios y reptiles acuáticos— son las que sufren la presión más intensa.
## La parte que no titula
Sin embargo, el Informe Planeta Vivo 2026 no es solo un obituario. Bajo el subtítulo *La ciencia de la esperanza*, WWF documenta que aproximadamente la mitad de las poblaciones monitoreadas por el LPI global están estables o en aumento. Tigres, nutrias marinas, elefantes africanos y tortugas verdes muestran signos de recuperación en distintas regiones.
El caso más citado es el del atún rojo del Atlántico, que regresó a aguas británicas después de décadas de ausencia gracias a la prohibición de la pesca comercial y a la cooperación internacional.
“La recuperación es posible, pero solo durará cuando personas y vida silvestre se beneficien por igual”, señala el informe.
## El mensaje incómodo
La paradoja del informe es que la alarma y la esperanza no se contradicen. Los datos de recuperación provienen, en su mayoría, de intervenciones humanas deliberadas: vedas, corredores biológicos, restauración de humedales. Es decir, la naturaleza responde cuando se le da la oportunidad.
El problema es la escala. Mientras los casos de éxito se cuentan con los dedos de una mano, el declive promedio sigue siendo del 73%. El informe advierte que la ventana para revertir las tendencias globales se está cerrando, y que las decisiones de esta década —sobre energía, alimentación y uso del suelo— determinarán si las recuperaciones locales se convierten en una tendencia o quedan como excepciones.
La pregunta que deja el Informe Planeta Vivo 2026 no es si la naturaleza puede recuperarse, sino si la humanidad está dispuesta a hacer lo que ya sabe que funciona.

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