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Tres científicos ganan el Nobel de Medicina por una técnica que permite encender y apagar neuronas con luz

 



Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel reciben el galardón por la optogenética, una herramienta que ha revolucionado la neurociencia y abre la puerta a tratar la ceguera y el párkinson.

Estocolmo — La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska anunció este lunes 5 de octubre la concesión del Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 a los científicos Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel por el descubrimiento de los canales iónicos controlados por luz y el desarrollo de la optogenética.

La técnica, que permite activar o desactivar neuronas específicas con pulsos de luz, ha transformado la manera en que los neurocientíficos estudian el cerebro. "Es como tener un interruptor de luz para el cerebro", resumió el comité Nobel en su comunicado.

Una técnica nacida de una obsesión marina

El origen de la optogenética se remonta a los años setenta, cuando investigadores descubrieron que ciertas algas unicelulares responden a la luz. Esas algas contienen proteínas llamadas opsinas, capaces de generar corrientes eléctricas al recibir luz de determinadas longitudes de onda.

Georg Nagel, de la Universidad de Würzburg, y Peter Hegemann, de la Universidad Humboldt de Berlín, aislaron y caracterizaron estas proteínas en los años noventa y principios de los 2000. Karl Deisseroth, psiquiatra y neurocientífico de la Universidad de Stanford, dio el salto definitivo: introdujo los genes de esas opsinas en neuronas de mamíferos y demostró que podían controlarse con precisión milimétrica mediante fibra óptica.

El resultado fue una herramienta que permite a los investigadores "encender" y "apagar" circuitos neuronales específicos en animales vivos, y observar en tiempo real cómo eso afecta al comportamiento.

De la curiosidad a la clínica

Durante años, la optogenética fue una técnica de laboratorio. Pero en 2021, un equipo del Instituto de Visión de Basilea utilizó optogenética para devolver parcialmente la visión a un paciente con retinitis pigmentosa, una enfermedad degenerativa de la retina. El paciente, que llevaba décadas sin percibir más que sombras, pudo reconocer formas y letras con la ayuda de unas gafas especiales que traducen imágenes en pulsos de luz.

Hoy hay ensayos clínicos en marcha para tratar el párkinson, la epilepsia refractaria y el dolor crónico. La optogenética también se usa para estudiar adicciones, trastornos del sueño y enfermedades psiquiátricas.

El dato que casi nadie menciona

Deisseroth, además de neurocientífico, es psiquiatra clínico. En una entrevista concedida hace años, confesó que su motivación para desarrollar la optogenética no era puramente científica: quería entender por qué los tratamientos psiquiátricos funcionan tan mal en tantos pacientes.

"Si no podemos ver qué está pasando en el cerebro, estamos tratando a ciegas", dijo entonces. La optogenética, según él, era una forma de "encender las luces".

Lo que viene

El comité Nobel destacó que la optogenética ha dado a la neurociencia "una precisión que antes era impensable". Pero también advirtió que su aplicación clínica aún es incipiente: requiere cirugía, implantes de fibra óptica y, en muchos casos, terapia génica.

La pregunta que queda abierta no es si la optogenética funcionará en humanos, sino cuándo, a qué costo y para quién. Mientras tanto, los tres galardonados se repartirán los 11 millones de coronas suecas (cerca de un millón de dólares) y, sobre todo, el reconocimiento a una idea que empezó en una alga y terminó iluminando el cerebro.


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