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REFLEXIONES SOBRE LA MASONERIA


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La masonería establece que la causa del progreso humano es nuestra causa; que la emancipación del pensamiento del ser humano es nuestro anhelo; que la libertad de conciencia es nuestra misión y que la garantía de la igualdad de los derechos de todas las personas, donde quiera que se encuentren, es la meta de nuestros argumentos.

Estas premisas inducen a los masones a estudiar en nuestros templos, dos temas que son fundamentales para el progreso del pensamiento masónico. Estos temas se refieren a la libertad en sus diferentes aspectos y a la Justicia en lo que atañe a la ordenación de las relaciones humanas o a la conducta del masón que se adapta a ese orden. Desgraciadamente contemplamos con alguna frecuencia, a hermanos que no han comprendido el significado de estos temas y cuya conducta revela que no se adaptan a este género de ideas, sin importar el grado que ostentan, ni la comisión o puesto que desempeñan, o la situación que guardan dentro de la Institución, ni su comportamiento es revelador de que cumplen con los juramentos, de que con los estudios combaten su ignorancia y de que tratan de dominar sus pasiones y ambiciones.

Para pulir nuestra piedra los masones debemos manifestar bondad, rectitud de ánimo, hombría de bien, integridad y honradez en el obrar. Este respeto a nuestra dignidad y a la dignidad de los hermanos, es parte de la práctica de las virtudes que exige la Orden para conservar la unidad en la lealtad y el acatamiento a nuestros antiguos usos y costumbres.

Todo masón es un individuo, que debe ser siempre guía certero e indispensable en los cambios sociales, y preservador de los ideales humanos; tanto dentro de las estructuras sociales, como dentro de lo espiritual; y que sin dejar de atender la perfección de las ciencias y la noble expresión del arte, busca y está atento al perfeccionamiento propio; debiendo tener una conducta bien definida ante los problemas sociales y espirituales de los grupos humanos que integran nuestro entorno, debe ser capaz de aquilatar e interpretar los postulados asentados en nuestra Carta Magna; y combatir denodadamente los malos propósitos que vierten grupos que sólo tienen la finalidad del dominio de las voluntades en provecho y beneficio, propio desquiciando la unidad nacional.

Todo masón, y con mas razón el masón filosófico, debe ser un incansable defensor de las libertades, un perpetuo luchador de la conquista de la verdad, un gran conservador de las tradiciones y de la cultura de los pueblos; sin dejar de ser un constante innovador social, y que se encuentra completamente capacitado para mantener la unidad de su entorno.

La masonería como Institución tiene como objetivo la autosuperación de sus miembros. Los iniciados debemos ser buscadores de la verdad para iluminar la inteligencia, hacer conciencia, motivar, fortalecer y hacer crecer la propia voluntad para practicar la justicia, dar amor a nuestros semejantes y trabajar sin descanso por la felicidad humana.

Todo hombre se enfrenta a dos grandes enigmas: el primero, es que no alcanza a conocerse a si mismo y el segundo, que no reconoce en el hombre a su hermano.

La masonería tienen dignidad propia, en su esencia misma es noble formadora del pensamiento liberal; usando el sendero luminoso de la investigación y de la búsqueda de la verdad, conformando el criterio que enjuicia y satisface personalmente a quien lo practica, dándole sabiduría y conocimiento; reconoce que una verdad a destiempo puede ser una mentira; la verdad pura y a tiempo es la educación del intelecto con la verdad realista.

Por eso Queridos Hermanos, debemos pensar que estamos construyendo para el futuro y considerar a nuestra Logia Capitular como un verdadero Taller, un Laboratorio donde se está formando el tipo de sociedad que regirá en los nuevos tiempos. Con esta idea en mente debemos pulirnos con nuestros hermanos en nuestros talleres, como una piedra rozando contra otras, para salir luego al mundo profano llevando la luz de nuestras vidas, de nuestra ideas armonizadoras, de nuestra sabiduría y de nuestra fuerza espiritual.

Cada uno de nosotros forma parte del Templo Masónico, y nuestros defectos constituyen defectos en el mismo. No podemos hacer perfecto ese Templo, pero sí podemos hacer que nuestra parte del mismo sea lo más perfecta posible.

Por lo que consideramos indispensable que cada masón aprenda y sepa que la Masonería es esencialmente una escuela de vida y de verdad, en la cual tienen cabida y deben templarse y encontrar su más profunda e íntima armonía todas las convicciones sinceras y todas las tendencias. Una escuela en la que deben dominar el amor al estudio y la búsqueda de la verdad, así como el constante esfuerzo para el ideal que cada cual se haga y sea capaz de concebir y realizar.

Entendamos, en definitiva, que la masonería es un proyecto de fraternidad universal vivido y desarrollado desde una formación iniciática. Como aspiración, ese proyecto implica un programa de trabajo forjador de unidad y armonía. Para que el camino emprendido llegue a buen fin, los masones hemos de seguir una metodología que es iniciática porque creemos que el Hombre encierra un complejo y sutil bagaje espiritual que precisa del tiempo y del espacio para ordenarse hacia el logro de una verdadera conciencia individual, pasando por diferentes niveles que nosotros simbolizamos en los temas graduales de la iniciación.

La moral tiene, en masonería, la impregnación de un anhelo de armonía universal que consideramos meta de la auténtica sabiduría, y sus parámetros sociales se concretan en los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, prescindiendo de criterios dogmáticos discriminatorios y uniendo a los hombres en el ejercicio de facultades comunes a todos ellos, que han de ser desarrolladas desde la intimidad individual. La expresión iniciática de esos principios sería armonía, unidad y amor.

Nuestros preceptos de libertad, Igualdad y Fraternidad, como en el pasado, serán los medios y la norma de conducta para tratar de dar solucíon y resolver los problemas sociales de la humanidad; y hoy, como entonces, no serán conducentes sino hasta que hagamos conciencia de su verdadera naturaleza y contenido; el cambio ya se está operando en el hombre, ya se siente, pero se necesita un esfuerzo adicional para alcanzar su desarrollo integral.

Los principales obstáculos a dicha realización somos nosotros mismos los seres humanos; en lo individual somos egoístas, viciosos, acomplejados e ignoramos los derechos de los demás y nos agredimos unos a otros con torpeza increíble; en lo social o colectivo el progreso se ve entorpecido por los intereses creados de grupos políticos, religiosos, económicos, siempre guiados mezquinamente y con deseos de poder mal entendido. En síntesis: el hombre es enemigo del hombre y de sí mismo.

En consecuencia, si el problema fundamental es el estado mental del hombre, cambiémoslo, cambiémoslo mediante una real y verdadera reeducación. Es inútil cambiar básicamente las estructuras sociales, mientras no haya hombres íntegros y bien preparados que las hagan operativas; y mientras no seamos hermanos. Sólo bajo este principio fundamental serán realidad práctica las soluciones a los problemas de la humanidad, y por lo tanto, la efectiva y plena conjugación viable de la igualdad y de la libertad. Ya la mística masónica conlleva muy arraigados estos propósitos; pero la Masonería por sí sola no basta, es nuestra la responsabilidad, de todos los masones en particular y de toda la humanidad en general. Por lo que a nosotros toca, hagamos el papel con dignidad; entendamos y practiquemos la fraternidad empezando aquí en casa, imbuidos de un verdadero amor universal y seremos los “nervios motores” de ese cambio en lo individual y en lo social. La fraternidad pondrá en equilibrio las fuerzas contrarias, generando con ello la luz de la verdad, la cual engendra la libertad, justifica la igualdad y proporciona la llama inextinguible del amor y el respeto entre los hombres.

La fraternidad, entendida como una actitud personal, como una manera de expresión del hombre, como una calidad de sus relaciones interpersonales, significa unión, conformidad de unos con los otros, concierto en los ánimos y en los dictámenes, como resultado de la mezcla de semejantes fundamentos espirituales y de semejantes interpretaciones respecto a los hechos y las situaciones que se suceden en nuestro mundo.

Amor entre los hermanos o entre aquellos que nos tratamos como tales, entendido el amor, como emoción activadora de todos los procesos individuales, como exaltador de todos los valores, como animador de todas las actitudes personales, como argamasa en la conformidad y en el ajuste, que permite a los hombres ser diferentes y parecer uno mismo, que hace que el humano sienta, piense y quiera a su propio ritmo; respire y digiera como elemento aislado, pero se amalgame, se una y conjunte por sobre las diferencias, con la visión de las metas y los fines mediatos más excelsos.

No hay alternativa, la ortodoxia masónica nos compromete a llevar una vida ejemplar durante las veinticuatro horas del día, es decir, debemos ser actores de tiempo completo, no podemos desperdiciar las ricas posibilidades que el tiempo y las circunstancias nos ofrecen con sus múltiples variantes para lograr una fecunda realización. No nos convirtamos en insolentes decrépitos e incapaces de darle brillo a los grados que hemos obtenido. Hagamos nuevo y actual el pensamiento de Séneca: “Nada es más vergonzoso que un viejo no pueda mostrar con algo que ha vivido, excepto con los años”. Por otra parte, no es suficiente vivir, uno debe encontrar una razón para existir y un propósito que cumplir, pues no basta “ser” sino también “como deber ser”, pues sólo en la actividad se desea vivir cien o más años.

Queridos hermanos, fieles a los postulados de nuestra hermandad, con la cooperación de todos hagamos de cada Capitulo, bajo la augusta dirección del Gran Arquitecto del Universo, una verdadera fraternidad, de tal manera que nos aceptemos los unos a los otros, con nuestras virtudes, con nuestras debilidades con nuestros defectos y con nuestras flaquezas.

En nuestras logias no debemos encontrar jamas quien esté dispuesto a criticarnos mordazmente, a exagerar nuestros defectos, a gozar con nuestros yerros, a lograr nuestros descuidos, a sorprender nuestra buena fe, a reaccionar violentamente ante nuestros argumentos, a oponerse irreflexivamente a nuestras opiniones, a interrumpir nuestras reflexiones, a desvalorar nuestros juicios, porque con tales actitudes se niega la fraternidad que es la piedra de toque, la esencia y el fundamento de la Masonería Universal.

Un hombre es bueno en la medida que domina su pasión y su emoción, se intelectualiza y da estructura a sus conceptos. La fraternidad nos inclina a ser pródigos en el sentimiento positivo hacia los nuestros y en la limitación de la actitud irreflexiva en el trato en los talleres.

La unión, el afecto, el concierto, el amor y la confianza han de ser expresiones vivas de la fraternidad masónica que no conozcan fronteras, ni valladares, ni represas y se empeñen en la búsqueda del bien, que es la más alta manifestación del amor humano. Por eso esta noche, en la que nos encontramos trabajando los masones que integramos los cinco Cuerpos Filosóficos de la Zona Centro de nuestro Estado para celebrar un aniversario mas de la fundación de CRISTO No. 81, no creo que exista tema más apropiado que el de la fraternidad, tercera palabra del trinomio masónico por todos conocido y cuyo significado refleja la unión y buena correspondencia entre hermanos.

La masonería nos enseña a cultivar la fraternidad con lazos más profundos que la simple amistad, ya que abarca a los que la reconocen y profesan, compartiendo sus ideales, objetivos y aspiraciones, aun cuando su cultura y sus ideas pueden ser diferentes.

La fraternidad debería poderse extender a todos, constituyendo la base de toda relación humana, pero por el hecho de que exige su complemento, es decir, de la libertad y de la igualdad, así como de la tolerancia y estas sólo pueden manifestarse y desarrollarse gradualmente, en medios y sociedades de tipo masónico, que profundamente la limitan a un mismo grado de comprensión.

Toda vez que a la fraternidad se le considera como la suma y complemento de la libertad individual y la igualdad espiritual, es necesario saber que la libertad masónica es una adquisición individual, fundamentalmente independiente de la libertad externa que pueden otorgarnos las leyes y las circunstancias de la vida. Es la libertad de conciencia; libertad apoyada en el orden y en la ley; libertad de palabra; libertad de trabajo y libertad de pensamiento que se adquiere buscando la verdad, esforzándose por el camino de la virtud. Es la libertad que encontramos y que siempre nos es dado conservar cuando obramos de acuerdo a nuestros principios, ideales y convicciones.

Asimismo, la igualdad la debemos cultivar en nuestro sentimiento hacia los demás, independientemente de sus palabras y acciones para con nosotros y ser serenos en las condiciones favorables, como en las adversas; en la fortuna y la desgracia; en el éxito y en el fracaso y no olvidar que todo puesto o lugar que ocupamos, se encuentra regido por el tiempo. No buscamos una igualdad absoluta e imposible, sino igualdad ante la ley; igualdad de oportunidades para mejorarse a sí mismo y para progresar en todos los órdenes de la vida.

De lo anterior, se desprende que el trinomio masónico se encuentra ligado a la tolerancia, tolerancia que trae como consecuencia directa los estímulos de amistad y confianza y es la fiel conservadora de la armonía, de la razón y la justicia, pero es asimismo, una cualidad que sólo el hombre virtuoso puede llevar a la práctica con determinada facilidad, puesto que sus finalidades son muy difíciles de comprender en forma consciente, cuando se trata de buscar un beneficio personal.

Estoy convencido de que todo hombre sincero, encuentra en la masonería un camino de progreso, que es el resultado del esfuerzo individual y la perseverancia en las finalidades de la orden por la senda de la virtud.

Los masones de Tamaulipas hemos meditado en el futuro de nuestro Estado, y entendemos, que como es común a México, todos los problemas se dirigen a la educación, la capacitación, la actualización y el desarrollo de sus habitantes.

Sabemos que el estudio podrá librarnos de muchas debilidades y muchos sin sabores y que es el estudio, el único camino que conduce al cultivo y desarrollo de la inteligencia, pero que no lograremos alcanzar los triunfos anhelados sino convivimos de manera fraternal con nuestros congéneres.

Si realmente deseamos la hermandad, debemos creer a pie juntillas que se trata para todos, para todos los hombres, sin importar colores, credos o razas, ni tampoco predilecciones electorales.

Debemos buscar por los medios que estén a nuestro alcance, la verdadera fraternidad; conscientes estamos que esto no es fácil, todos debemos poner nuestro grano de arena, hacer a un lado nuestros ideales personales y pensar sólo en la Institución Masonica, para ello sois convocados.

Queridos Hermanos:

Juntos y en armonía conseguiremos el desarrollo de la Institución Masónica.

Juntos y en armonía trabajaremos por mantener firmes los ideales que nos unen.

Juntos y en armonía obtendremos victorias contra el fanatismo y contra la ignorancia.

Juntos y en armonía venceremos las vicisitudes que obstaculizan el crecimiento, y construiremos una masonería sólida, unida y prospera.

Queridos hermanos.

Estemos preparados para recibir el nuevo milenio y trabajemos en beneficio de la Masonería y de la humanidad. jugando el rol que nos corresponde para su engrandecimiento; por ello, por todo ello, seguro estoy, que Juntos y en Armonía, lo haremos realidad.

Miguel García Mejía


 

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